Carlos Duguech

Analista internacional

La Historiografía, de eso tratamos, va mostrando cómo los hechos históricos, aquellos dignos de ser considerados eslabones de la cadena “no ininterrumpida” de los sucederes, se nos deben mostrar en el ahora. No es un manual simple para escribir historia. El historiador que se ocupa del análisis de los sucesos y datos concernientes al hecho investigado -útiles y apropiados para la narración histórica- centra sus capacidades en procurar la narración mostrándonos un convincente rostro de verosimilitud. Y esto es así porque con su narración –sin importar el estilo, desde la apreciación literaria- debe lograr que la continuidad del relato no sufra caídas en pozos de inconsistencia. O de ausencia de ciertos datos, esos que son eslabones útiles y necesarios para la comprensión de los sucesos narrados en el texto.

Un voluminoso libro

De 700 páginas. (Omega, 1994) del alemán Werner Keller (1909-1980).  Historia del pueblo judío. “Desde la destrucción del Templo hasta la creación del estado de Israel”, el subtítulo. Su autor, destacado periodista y escritor científico, famoso en su tiempo por un best-seller (1955): “La Biblia como historia”. En una página inicial expresa: “Dedicado a todos aquellos que buscan la Verdad.” El pormenorizado relato de los orígenes y evolución histórica del pueblo judío ocupa la casi totalidad del volumen. Para el análisis de lo que se sugiere en el título centramos nuestra atención en hechos de significancia. Por relativamente cercanos -muy difundidos por la prensa mundial- es difícil arrimar herramientas de manipulación al terreno de la difusión de asuntos, por enésima vez, publicados y analizados en su tiempo. Sin embargo, en el pantano de las interpretaciones sesgadas de los hechos históricos, hay quienes se atreven, goma de borrar en ristre. Entonces, ¿A qué tanta premura y dedicación? No es ocioso este preguntarse conociendo de antemano la respuesta: pues, para sepultar hechos y escritos ligados a cuestiones sucedidas que conviene se esfumen. Indignos, según el autor, de revestirse de parte de la “historia”.

Una bomba…

En la ilustración se muestran las dos últimas páginas (670 y 671) del libro de Keller. Adviértase la frase (recuadro izquierdo pág. 670): “Una bomba hace explosión en el Hotel Rey David, sede de la administración civil británica en Jerusalén y en el atentado mueren noventa funcionarios británicos y setenta son heridos”. Una autonomía única la de la bomba. Por “propia voluntad”, explota donde ella misma quiso y a su hora. De ciencia ficción, resaltar la “voluntad” de las cosas inanimadas. No hay autores del atentado, aunque se sabe desde siempre, que eran judíos de los grupos terroristas Irgún Tzaval Leumi. Además era sede de la Comandancia Militar del Mandato Británico en Palestina, no “administración civil”, según Keller. Una “referencia histórica” en un libro voluminoso con muchísimas otras referencias que, sin embargo, omiten frontalmente los ya conocidísimos detalles del atentado al Hotel Rey David.

Un conde sueco

Página 671 (derecha, esta vez). Como si nada: “…y el 11 de junio los árabes aceptan contentos una pausa que ha propuesto el conde sueco Folke Bernadotte, como enviado especial de las Naciones Unidas”.

Una rareza. Sorprende.

Habiendo sido asesinado el 17 de septiembre de 1948 por un comando del grupo terrorista judío Leji, junto con el coronel francés André Serot, se omitió el hecho de trascendencia mundial: ¡Asesinar al mediador de la ONU! Extravió su peculiaridad de “hecho histórico” para el historiador Keller.

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Expuestas estas comprobaciones de “historia publicada” en las dos últimas páginas de un libro voluminoso (700 páginas con tablas y gráficos en el apéndice) con lo recuadrado, a propósito, es de rigor preguntarse: ¿Cuánto del resto del libro la narración es a medias? ¿Cuánto se oculta o se exagera en las referencias?

Otra historia

En “Historia mínima de Israel” (Prometeo Editorial-México 2025) del historiador y politólogo argentino Mario Sznajder, doctor en ciencias políticas y profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que vive en Israel, hace una descripción interesante, por momentos, de la historia de Israel. Lo que omitió escandalosamente Keller sobre el atentado al mediador de la ONU, aquí se muestra con en detalle (págs. 95 y 96).

“El asesinato del mediador de la ONU, conde Folke Bernadotte, fue llevado a cabo por ex miembros del Leji (terroristas judíos). Las propuestas (de Bernadotte) eran anatema para la extrema derecha nacionalista de israelí y el retorno de los refugiados árabes el derrumbe del proyecto sionista… Los autores del asesinato nunca fueron apresados”. Finalmente –pocos lo cuentan- “Ben Gurión, primer ministro, indultó a los asesinos”. Los asesinatos cuya mención incomoda, fue y es política israelí, ignorarlos.

Pero este historiador, ¡oh sorpresa!, “nada de nada” escribe del atentado al Hotel Rey David. Calla a sabiendas. Igual que Keller, pero en otro asunto. Estos dos historiadores de Israel se reparten minuciosos los silencios en sus textos. Casi se muestran -mal que les pese- en un pacto de silencio sobre hechos históricos muy conocidos. Uno calla lo del asesinato del mediador de Naciones Unidas, Bernadotte. (En un Israel ya declarado nación desde hacía cuatro meses). Y el otro calla, a su vez, lo del atentado terrorista del Hotel Rey David. ¡Valientes historiadores! Claro que sí, valentía de inescrupulosos con la Historia desterrando| algunos de sus hechos.

Un pueblo, con nombre

Precisamente, si existe una historia de un pueblo que con frecuencia genera dudas temporarias y aisladas y, a veces, fantasiosas o ensimismadas sobre su identificación, -sea como cultura, raza o religión- es el “pueblo judío”. No pocas veces la óptica desde donde se aprecian las cuestiones de todo encuadre ligadas a lo judío nada tiene de relación sustancial con los israelíes, específicamente. Éstos son los ciudadanos de un país que declaró su independencia el 14 de mayo de 1948. Solemne y conmovedora declaración en la que el tributo a esa “partera de los siameses” que fue la ONU, es mencionarla siete veces –número de implicancias bíblicas. Dos veces intentó Israel, ingresar (1948-1949) lo que finalmente consiguió. Cuando se cumplía un año de la Resolución de la AG 181(II) de la ONU llamada “Partición de Palestina” (Mandato británico) ingresó al organismo internacional el texto de una “Declaración” con términos que -hoy mismo- nos muestran la endeblez notoria del “compromiso” que se declara asumir: “En nombre del Estado de Israel, yo, Moshe Shertok, Ministro de Relaciones Exteriores debidamente autorizado por el Consejo de Estado de Israel, declaro que el Estado de Israel, por la presenta, acepta sin reservas las obligaciones de la Carta de las Naciones Unidas y se compromete a hacer honor a ella desde el día que sea Miembro de Naciones Unidas. (Firmado) Moshe Shertok- Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisional de Israel.

A la luz de las numerosas resoluciones de la AG de ONU incumplidas por Israel, miembro de pleno derecho junto a los otros 192 estados, además de las que emite el Consejo de Seguridad Israel deviene en miembro rebelde del organismo. Entre las que más se notan son las referidas a las Resoluciones 242 (1967) de retirada de los territorios ocupados en la “guerra de los seis días”, de intención colonialista. La que “permitió” a Israel ocupar múltiples sectores de Cisjordania-ahora mismo- donde implantó conglomerados de viviendas para colonos. ¿De qué nacionalidad- entonces- son los casi 500.000 colonos que habitan en más de 100 asentamientos en tierras ocupadas militarmente desde la “Guerra de los seis días”?

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EE.UU.-Irán-Israel (Cóctel fatal)

Pese a las idas y vueltas que enmarañaron el tablero donde posicionaron sus trebejos del ajedrez guerrero EE.UU., Israel e Irán -en las conversaciones desde Ginebra de hasta el viernes último- sobre el programa nuclear de Irán y el levantamiento de las sanciones por EE.UU. Trump lanzó el sábado su “Operación Furia Épica”. Petulancia de un Trump traidor. Había fijado un plazo. Vencía ayer domingo. Impaciente, el sábado -y con Israel- bombardearon muchos sitios de Irán y asesinaron al supremo de Irán, el ayatola Alí Khamenei.